Festividad de los Fieles Difuntos

Hoy, primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos. Para toda la Iglesia es una gran celebración porque hay gran fiesta en el cielo. Para nosotros es una gran oportunidad de agradecer todos los beneficios, todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra y que han sido como nosotros, con las mismas debilidades, y con las fortalezas que vienen del mismo Dios.

Hoy es un buen día para reflexionar todo el bien espiritual y material que por intercesión de los santos hemos obtenido y tenemos hasta el día de hoy, pues los santos que desearon la Gloria de Dios desde aquí en la tierra lo siguen deseando en la visión beatifica, y comparten el mismo deseo de Nuestro Señor Jesucristo de que todos los hombres se salven, que todos los hombres glorifiquen a Nuestro Señor.

Esta fiesta tiene su origen durante la persecución de los cristianos por el emperador Diocleciano, al causarse muchas muertes no se podía celebrar una rememoración en nombre de cada una de ellas, por lo que se decidió establecer un día, aunque no fue hasta el S. VII, y gracias a Bonifacio III, que en el año 609 se declaró la fiesta de Todos los Santos en el mes de mayo. Fue el Papa Gregorio III en el siglo VIII quien cambio la fecha a la actual, día 1 de noviembre. En España, tenemos la costumbre de visitar el cementerio para llevar flores como ofrenda a los familiares fallecidos.

 

 

 

Así luce Nuestra Madre, María Santísima de la Encarnación con motivo de la festividad de los fieles difuntos.

Viste saya y manto de terciopelo negro. En la cintura, cíngulo trenzado con terminación de borlas en oro. En su mano derecha sostiene la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo y en la izquierda, un pañuelo elaborado en seda y bordado en hilo de oro. Por último, estrena un nuevo tocado en color blanco.

Ataviada magistralmente por D. Javier Aguilar Cejas, quien lo hace de manera ininterrumpida desde el año 1995.

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