Llegamos al tercer día de celebración del Quinario

Hoy recordamos de manos de Dña. Manuela Cantos Morales, madrina de la Solemne Bendición del Señor, cómo fueron aquellos días previos y sobre todo aquel 20 de marzo de 1994.

Recordando la bendición del Señor con Dª Manuela Cantos Morales.

Es una de esas tardes de domingo, en la que la luz grisácea del invierno busca en la paleta de colores los azules de la primavera. Es una de esas ocasiones en las que estás convencido de que vas a realizar un viaje al pasado. Se abre la puerta y detrás de ella, la enternecedora mirada de quien ha sumado primaveras a golpes de vida. No ha pasado ni un segundo de este encuentro y los ojos se tornan aún más cristalinos en cuanto aflora la palabra “Hermandad” y “el Señor”.

Dª Manuela Cantos Morales, madrina de la bendición del Señor Sagrado Descendimiento, maneja con soltura, fechas, detalles y lo principal, las sensaciones de hace veinticinco años. Para ella esas sensaciones están frescas en su memoria, hasta tal punto que le acompañan día a día.

No hace falta sacar el veinticinco aniversario de la llegada del Señor, ella se encarga de recordárnoslo, ya que ese momento no fue solo el cimiento más fuerte que sujetara a la Hermandad que acababa de nacer, sino que también había supuesto para la ciudad un antes y después. Manoli recuerda a aquellos jóvenes de hace 25 años que querían “hacer algo importante: crear una Hermandad, en el seno los Jesuitas y bajo la protección y el aliento del Padre Valdés”. “Antes de la llegada del Señor, hubo muchos días de bullicio, de ir y venir al taller de Antonio, a ver el torso, los brazos; fueron unos años de mucha ilusión.”

Recuerda con todo lujo de detalle los días previos a la Solemne Bendición y el “runrún” que en Montilla se generó nada más llegar el Señor. Se propagó de boca en boca la noticia y en los días previos la feligresía de la Iglesia de la Encarnación, asombrada, pasaba las horas en torno al Señor. Los detalles de las manos, la posición de las piernas y sobre todo la semblanza de su divino rostro supuso un llevar y traer de opiniones de asombro entre los montillanos.

“Un día llego mi hijo Rafa y nos dijo que la Hermandad había pensado en nosotros para ser los padrinos del Señor. Nos miramos e inmediatamente respondí que sí encantada”. “Nosotros estábamos ahí siempre, volcados en lo que hiciera falta. Recuerdo la alegría que había en mi casa en aquellos días previos a la bendición”. “Ese día fue un día hermoso, no recuerdo haber visto el templo de la Encarnación más lleno en todos los días de mi vida. Ni en la propia novena al Beato llegué a ver más gente”.

“Muchos de mis amigos y de mis familiares dejaron las misas de 12 de sus parroquias para estar allí en ese domingo histórico para la Hermandad y que, además, fue un día muy importante y emocionante para nosotros como padrinos. Fue una ceremonia muy, muy bonita”.

“Hubo una copa de confraternidad después de la bendición y todos tenían ya la expectación de cuándo tendría lugar aquella primera salida”. “En aquella primera salida se volcó Montilla. Aún recuerdo ver desde mi balcón pasar el misterio y la emoción al ver ese manto de iris morados bajo el Señor y como aquella escena parecía transportarme realmente a aquel día de la historia”.

“El Descendimiento supuso para Montilla engrandecer un día, ya muy importante, como es el Viernes Santo”.

Después han pasado los años y habla con alegría de su época en el coro, de la unión de sus componentes, de la emoción de cantar aquellas melodías a pesar de los ensayos incluso en las frías noches de invierno. También recuerda los años malos tras la salida de los Jesuitas y la incertidumbre de encontrar una casa para nuestros titulares. “Pero esta Hermandad ha sido pionera en muchas cosas y ha sido un espejo en el que reflejarse después”.

Manoli nunca ha estado fuera de Montilla un viernes santo, presume de ello y habla con emoción de aquellos Viernes Santo de antaño, que se vivían con una pasión distinta a la actual.

“Actualmente todo es diferente. En aquellos años, al llegar la tarde del Jueves Santo, todo se paraba y ya no existía el ruido, era el día de La Pasión y era emocionante escuchar los suspiros de las personas porque ¡ya era la hora!”. Por desgracia perdió a su madre muy pequeña, pero ha heredado de su padre el amor por la Semana Santa. Junto a él y a sus hermanas acompañaba desde muy pequeña al Santo Entierro en las tardes de Viernes Santo.

Actualmente, por motivo de salud, no puede participar tan activamente en la vida de hermandad, pero como bien dice: “eso no quita que sienta lo que siente por el Descendimiento”. Habla con alegría de los pregones, de la comida de Hermandad, de las Jornadas y de tantas y tantas eucaristías en la que cantó con su querido coro.

Este año pasado, con la celebración del XXV aniversario, tuvo la ocasión de volver a reencontrarse con Fray Ricardo, que bendijo la imagen del Señor, y de emocionarse al volver a ver las fotos de aquellos primeros años, sobre todo las de la exposición “25 años de Sagrado Descendimiento”, en la que junto a Manolo García se sintió un poquito más cerca de nuestra querida y añorada Kiki Méndez.

Manoli ve la Hermandad con mucho camino por recorrer. Un punto de inflexión entiende que ha sido la construcción de la Capilla. Para ella es un orgullo que forme parte del patrimonio de Montilla. Lugar Sagrado en el que la Hermandad debe crecer y engrandecerse con trabajo e ilusión, como la de hace veinticinco años.

 

 

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