VI Feria del Marisco. No te la pierdas

Los días 28 y 29 de junio, la Hermandad del Sagrado Descendimiento llevará a cabo en el Paseo de las Mercedes, por sexto año consecutivo, la tradicional “Feria del Marisco”, donde los productos más frescos de la costa de Huelva se convierten en los protagonistas.

Gambas, cigalas, cuerpos de cangrejo y una gran variedad de mariscos podrás encontrar en este evento gastronómico, con la máxima garantía en calidad, frescura y origen, acompañado de un vino Viña-Verde bien frío de Bodegas Pérez Barquero de nuestra tierra.

Además, contaremos con las actuaciones en directo del grupo flamenquito “Amontillao» y del grupo de animación «Boogaloo» en la noche del viernes 29, y una selección del Festival Infantil y Juvenil de la Canción para la noche del sábado.

 

 

Solemnidad del Corpus Christi

El próximo Domingo 23 de Junio tendrá lugar la festividad del Corpus Christi. Como es habitual, nuestra Hermandad estará representada en el cortejo de la procesión. Además, con motivo del XXV Aniversario de la Bendición de Nuestro Señor Jesucristo en su Sagrado Descendimiento, nuestra Corporación Penitencial instalará un altar en la Basílica de San Juan de Ávila al paso de Jesús Sacramentado en la custodia monumental.

Por ello os invitamos a acompañar a su Divina Majestad en éste día tan importante para Montilla y para los que somos cristianos. La Santa Misa será en la Parroquia de Santiago Apóstol a las 19:30 horas y a continuación saldrá la solemne procesion por las calles de Montilla.

¡Alabado sea por siempre Jesús Sacramentado!

 

La Novena a San Juan de Ávila

Hoy día 1 de Mayo comienza la novena a San Juan de Ávila, este año con una serie de conmemoraciones especiales, 450 aniversario de la muerte del santo, 125 aniversario de su beatificación y 50 aniversario de su canonización. Esta fiesta religiosa es una de las más celebradas de Montilla por la importancia de San Juan de Ávila como patrono del clero secular español, apóstol de Andalucía y por su nombramiento como doctor de la Iglesia en 2012 por el Papa Benedicto XVI. De ahí que su novena sea una de las mas esperadas por todos los montillanos;

¿pero sabemos realmente el porqué de esta celebración religiosa a la que llamamos novena?
Los católicos a menudo hablan de las ‘novenas’ y, si no hay un conocimiento previo sobre esta devoción, el nombre puede resultar confuso. Las novenas son una parte antigua de la vida devocional de la Iglesia y muchos remontan el origen de su estructura hasta los días entre la ascensión de Jesús y la fiesta de Pentecostés.

Según san Lucas, Jesús ascendió al Cielo después de aparecerse a los apóstoles “durante cuarenta días” (Hechos 1,3) después de su resurrección. Esto significa que el tiempo entre la ascensión de Jesús y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés es nueve días. Muchos cristianos vieron estos nueve días de oración como un modelo de rezo y desarrollaron devociones que consistían en nueve días (o meses) de oración por una intención específica o un santo en particular.
Este número se consideraba de inspiración divina, así que las ‘novenas’ (de la palabra latina novem, nueve), se entendían como una forma perfecta para rezar.

Una de las novenas más antiguas fue un periodo de oración de nueve meses antes de la fiesta de Navidad, en imitación del piadoso embarazo de María.
El número nueve no tardó mucho en ser empleado en todo tipo de situaciones, como una novena de misas celebradas por una persona o una novena de oraciones para la restauración de la salud. Así nació la ‘novena’ y se convirtió en parte central de la devoción católica.
Aunque las novenas son muy antiguas, no fue hasta el siglo XVII que la Iglesia formalmente concedió la primera indulgencia a una novena en honor a San Francisco Javier, otorgada por el papa Alejandro VII.
Las novenas nos ayudan en nuestra oración cuando están adecuadamente valoradas en el contexto de una sólida doctrina. Al pedir la intercesión de un santo debemos desear imitar sus virtudes. Para ello es necesario conocerlo. La novena puede convertirse en superstición si se limita a buscar un deseo personal sin abrir el corazón a Dios y someterse a su voluntad. Una novena bien hecha es un medio para intensificar la intercesión.
Las novenas requieren humildad, confianza y perseverancia, tres importantes cualidades de la oración eficaz, pidamos a Dios nos las conceda para vivir profundamente este año 2019 la novena de San Juan de Ávila y sacar de ella numeroso frutos espirituales.

 

Hijos de la Encarnación

Empezaría con el agradecimiento a mi tito Mariano, por enseñarme el camino de la hermandad, porque si no te enseña nadie no podrás hacerlo por ti solo.

He de agradecer también a Jesús Hidalgo y a Antonio Javier Sánchez por todo lo que aprendo de ellos y el compromiso que tienen con la hermandad. Si me tuviera que quedar con una cosa de cada uno, de Jesús diría que cada altar montado con él ha sido algo único. Ese momento de estar a solas con los titulares y a la vez con un buen amigo… esos momentos son de los mejores.

De Antonio Javier no podría quedarme con solo una actividad, una reunión… solo tengo buenos recuerdos con él.

En cuaresma, cuando vas a la capilla y entras a la Función de Regla, es como entrar en tu casa y estar rodeado por tu familia. En ocasiones, cuando paso por la puerta de la capilla me encuentro a Luis Luque o Paco Méndez siempre les pido si puedo pasar y sus palabras son cortas pero agradables: “¡Claro! Estás es tu casa”.

He vivido aún pocas experiencias a mi parecer con los miembros del grupo joven, pero todas ellas inolvidables, así que espero vivir muchas más en estos años, tales como representar a la hermandad como pude hacer en la pasada procesión del Corpus, participar en los talleres infantiles de cuaresma, en las cruces de mayo, en la operación “kilo”, en las barras… La última de estas actividades en la que he tenido la oportunidad de participar ha sido en la recogida de alimentos para los campamentos Saharauis.

Pero sin duda, hay una experiencia más bonita y que destaca sobre las demás: es ver a todos hermanos reunidos en la capilla de la hermandad un Viernes Santo a minutos de que toquen la puerta para salir en estación de penitencia. Lamentablemente el Viernes Santo del año pasado no hubo en la capilla mucha alegría ya que el tiempo no acompañó.

Por suerte la salida extraordinaria del vigésimo quinto aniversario de nuestra querida hermandad fue diferente. Ahí sí pudimos vivir esos momentos de nervios y tensión en los que te encuentras a hermanos igual de felices que tú, llorando de emoción y de ver como las puertas se abrían y daba comienzo esa salida tan esperada. El calor no era un impedimento para disfrutar del momento que se estaba viviendo.

Salir de la Basílica de San Juan de Ávila y ver toda la Corredera llena solo para ver a nuestro Cristo del Sagrado Descendimiento y Nuestra Santísima Virgen de la Encarnación fue, sin duda, una experiencia inolvidable para mí.

Ese silencio intenso en el que solo se escuchaban las voces de Paco Méndez, capataz, y de Chechu, que decían: los costeros por parejo a tierra… bueno venga de frente… ¡duro con él valientes!… seguimos de frente… ¡duro con él valientes!… hay que seguir costaleros… Y de repente el silencio se rompe cuando suena la marcha real y ahí, justamente ahí, es cuando ves y sientes lo feliz que eres al verlos en la calle cumpliendo años.

Fue una inmensa suerte la mía y la de mis compañeros acólitos vivir esa salida desde tan cerca. Un momento para la eternidad.

Animo a toda aquella persona que todavía no esté en el grupo joven a entrar en él, un grupo en el que reina el buen ambiente y el compromiso con la hermandad y sus titulares.

 

 

María Santísima de la Encarnación

El 25 de marzo es la fecha que la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Anunciación Encarnación, es decir, cuando el Ángel Gabriel fue enviado Nazaret para anunciar a la Virgen María que sería la Madre de Dios a lo que Ella respondió con su Fiat generoso: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1,38).

La Virgen de la Encarnación o Nuestra Señora de la Encarnación es una advocación mariana venerada en la religión Católica que representa a la Virgen María en el momento de la Encarnación. Esta Solemnidad se celebra junto con la Solemnidad de la Anunciación porque según la fe católica son acontecimientos casi inmediatos, ya que en la Anunciación el Ángel Gabriel le revela a la Virgen María que dará a Luz a un hijo por obra del Espíritu Santo, y ella finalmente responde: “Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mi lo que has dicho”, en ese momento sucede la Encarnación, es por esto que la Iglesia celebra los dos acontecimientos el mismo día puesto que son casi simultáneos.

El origen de la veneración a la advocación de la Encarnación es muy antiguo ya que es unos de los primeros dogmas de la iglesia que va estrechamente ligado a la doble naturaleza humana y divina de Jesucristo, por cuanto esto es declarado por los padres de la iglesia en el Credo niceno-constantinopolitano promulgado en el año 381.

Son tantas las advocaciones y conmemoraciones, como en este caso, que la Iglesia no dispone de días suficiente para ordenarlas y fecharlas por orden lógico y cronológico, pero eso no sucede en esta advocación. Si sacamos la diferencia existente entre el veinticinco de marzo, día de la Encarnación y el veinticinco de diciembre, día del nacimiento de Jesús nos encontramos que han transcurrido exactamente nueve meses.

Es María a quien Dios desde la eternidad escogió para que por obra y Gracia del Espíritu Santo concibiera al Señor hecho hombre, Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad. La Virgen le dice sí a Dios y en ese momento se encarna en el seno de María.

Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones.

El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.

 

Cuarto día de Quinario

Llegamos al cuarto día de celebración del Quinario. Hoy, de la mano de D. José Galisteo Martínez, Licenciado en Historia del Arte, nos acercamos a un magnífico análisis de nuestro misterio del Sagrado Descendimiento y de la obra del genial D. Antonio Bernal Redondo.

Antonio Bernal Redondo y la «narrativa plástica» del paso de misterio del Sagrado Descendimiento de Montilla

El ciclo de la Pasión depara un repertorio iconográfico extraordinario, el cual ha ido experimentando distintos procesos de adaptación/transformación/ampliación con el paso del tiempo; fruto de ese transcurso, es, entre otros, la representación del
descendimiento de la Cruz. Aunque nos reservemos para mejor ocasión su desarrollo evolutivo, apuntaremos brevemente que esta escena vesperal –denominada así por vincularse, según la liturgia, a la hora de Vísperas– aparece en el arte cristiano en época ya tardía (ca. siglo IX), justamente por concederle preferencia a momentos más capitales del misterio como puedan ser la Crucifixión o la Resurrección, entre otros. Sin embargo, esto no fue óbice para ir, de manera paulatina, ocupando un papel
considerable en la trasmisión de los hechos divinos, pese a que las fuentes canónicas y apócrifas no fuesen tan generosas en detalles descriptivos de dicha acción.

Sea como fuere, la plasmación material de este momento pasionista en Montilla adquiere una dimensión estética extraordinaria gracias a la maestría y solvencia del artista cordobés Antonio Bernal Redondo, quien en 1993 suscribe compromiso contractual con un grupo de jóvenes campiñeses deseosos de dotarle a su Semana Santa de pleno sentido espiritual con la incorporación de este episodio tan intenso. De este modo, nace el primer conjunto escultórico del maestro cordobés para la provincia de Córdoba, quien, hasta el momento, poseía una experiencia algo relativa en estas lides, pues sólo había finiquitado en tiempo reciente (1993) las figuras secundarias que acompañaban a Jesús de las Penas, titular cristífero de la hermandad de la Esperanza (San Andrés) de la capital.

Sin adentrarnos tampoco en los antecedentes medievales (teatro de los misterios, autosacramentales…) o en las expresiones del Barroco castellano y levantino (Gregorio Fernández o Francisco Salzillo, principalmente) del paso de misterio, la trascendencia adquirida en este ámbito por Antonio Castillo Lastrucci para nuestra región resulta innegable, ejerciendo notable influencia sus prototipos hispalenses para maestros cordobeses de posguerra, tales como Juan Martínez Cerrillo, Amadeo Ruiz Olmos o Antonio Castillo Ariza, los cuales, bien a través de nuevas hermandades bien a través de la readaptación de las ya existentes, provocarán un cambio estético considerable en los pasos procesionales de las distintas corporaciones penitenciales que no volverá a producirse hasta los primeros años de la década de 1990.

Pero no nos desviemos de la intención principal que genera este artículo: es decir, esbocemos al lector, de manera sucinta, algunas de las claves esenciales que definen a este conjunto escultórico montillano tan sobresaliente y, sobre todo, la «gramática» que oculta su discurso plástico.

Respecto a la elección iconográfica, creemos, quizá sea ésta la única condición que admitió el escultor-imaginero a la hora de afrontar el encargo por parte de aquellos jóvenes comitentes encabezados por José Antonio Carmona. Bien es cierto que, por entonces, Montilla adolecía de este episodio procesional, pero hemos de recordar al lector que el acto paralitúrgico del Descendimiento había gozado de un indiscutible protagonismo en la Semana Mayor montillana, gracias a su organización y
desarrollo desde tiempo secular por parte de la cofradía penitencial de la Soledad de Nuestra Señora, fundada en 1588, la cual congregaba a fieles y devotos en la tarde de Viernes Santo en el Calvario que precedía a la iglesia conventual de san Agustín para
tal menester, y que mantuvo tal representación hasta finales del siglo XIX.

Por supuesto, lejos quedaba en las intenciones de aquella juventud el recuperar una vieja tradición litúrgica local, ya que, en honor a la verdad, la elección de esta escena pasionista pasaba por ser la coyuntura idónea para el despliegue propio de un
paso de misterio tan en boga por entonces –que, además, permitiera ser portado a costal como otra de las novedades importadas desde la vieja Hispalis– y, como señalábamos líneas arriba, de «original» estampa para el Patrimonio Cultural de las Cofradías de la ciudad. Insistimos que el renacimiento imaginero de los años noventa del siglo pasado –en la mayoría de los casos, un proceso de «sevillanización»– trajo consigo la creación/transformación de nuevos pasos de misterio en la ciudad de Córdoba que, a buen seguro, hicieron mella en el seno de esta incipiente hermandad montillana (Santa Faz, Descendimiento, Esperanza, Cena, Redención, Humildad y Paciencia, Amor, Prendimiento…), y que, de modo coetáneo, también experimentó la hermandad salesiana de la Juventud de la localidad.

A la hora de fijar su disposición formal y trazar el esquema compositivo del conjunto, Bernal concibió un grupo clásico, cristocéntrico, sin estridencias, con un número preciso de actores, de tal modo que una mayor complejidad escenográfica
podría diluir el mensaje principal y velar al protagonista, Cristo muerto –tal vez esa «colmatación» escenográfica que pretendemos corregir sea el caso del Sagrado Descendimiento del mismo autor para Cabra (2008)–. Aquí, en el ejemplo montillano, es un «batirse en duelo» cualitativamente de tres contra tres esculturas, fruto de los primeros tanteos en estos esquemas grupales dentro del oficio por parte del escultor.

Así, de una parte, la figura de Jesucristo ya desenclavado es descendida de la cruz por José de Arimatea, ubicado en una de las escalas, al que auxilia Nicodemo desde el suelo. Y, de la otra, su Madre bajo la advocación de Encarnación –homenaje a la titular
del templo jesuita montillano–, san Juan Evangelista y María Magdalena contempla la acción.
Sin duda, la acción principal llevada a cabo por los Santos Varones es la parte
más activa, donde se concentra más la tensión generada por la acción, por el propio
movimiento generado. Asimismo, viene a marcar una distribución más vertical
potenciada por la propia cruz, si bien la diagonal producida por la altura decreciente de
las tres figuras dimensiona aún más si cabe la altura del grupo escultórico. Y, por

supuesto, la terna de cataduras son ejercicios académicos del concepto del ethos
grecolatino. En este sentido, el resto de asistentes al hecho narrado, aunque puedan
resultar seres pasivos en la acción, sus semblantes y actitudes personales contienen
distintos rictus que, si bien tampoco permiten romper el clasicismo imperante en el
tratamiento general de las facciones del conjunto, recurren a ciertas dosis de pathos
para justificar la aflicción del momento. Los extremos de esta situación se hallan en las
dos figuras femeninas; de esta suerte, mientras María Magdalena se representa
arrodillada y llorosa, tal como la tradición iconográfica nos la ha legado, lo que subraya
ese dolor/arrepentimiento/desconsuelo, la Madre del Redentor refleja una serena
grandeza, una fuerza espiritual contenida y un clasicismo tan romántico que, en otro
orden de cosas, vendrá a preludiar el ideal de belleza virginal de ciertas dolorosas
gubiadas por el artista a posteriori, alcanzando a nuestro parecer su cenit creativo con
la portentosa Virgen del Socorro localizada también en Montilla (2005).
En general, el planteamiento geométrico a base de diagonales o elementos
ovales en el alzado, así como ciertas triangulaciones en planta para la distribución de
las distintas esculturas en el plano cuadrangular dejan entrever la formación técnica
del artista en estudios de delineación, confiriéndole una solemnidad inusitada.
En principio, no podríamos localizar influencias directas respecto de otros
conjuntos o misterios afines. Quizá, a golpe de vista, haya ecos de la perfección formal
de algunos maestros de posguerra, detalles de los misterios castellanos de Gregorio
Fernández o la fuerza expresiva de la tradición escultórica andaluza con resonancias de
Montañés o de Mesa, entre otros. De cualquier modo, en esta primera etapa, Antonio
Bernal apuesta decididamente por el clasicismo formal, depurando al máximo la
técnica y huyendo de los efectos dramáticos en aras de un realismo moderado basado
en toques naturalistas idealizados. El grado de refinamiento y exquisitez se enfatiza
sobremanera al saber que fue un conjunto tallado de manera directa desde el propio
modelo académico en barro, sin emplear elementos de reproducción y de precisión
que le posibilitaran cierta facilidad en esta fase del proceso creativo, lo que, sin duda,
supuso un enorme reto artístico en su momento.
En suma, estamos ante uno de los conjuntos escultóricos más interesantes de
la revitalización en la imaginería de los últimos años del siglo XX en general y de la
producción de Antonio Bernal Redondo en particular, el cual compendia una serie de
valores históricos, culturales y estéticos de primer orden. Sin embargo, todo lo dicho
hasta el momento no cobraría carta de naturaleza si no fuese por la unción sagrada y
el celo devocional que envuelve a este grupo del Sagrado Descendimiento, que, desde
su creación, viene a traducirse como espejo donde todo cristiano debe mirarse para, a
través de las obras de caridad y de cualquier ejercicio piadoso realizado desde la
vocación de servicio y el amor infinito al prójimo, busque más allá de Su muerte la vida
misma, la salvación eterna.

José GALISTEO MARTÍNEZ
Licenciado en Historia del Arte
A Mariano César Merino,
con cariño y admiración