Festividad de los Fieles Difuntos

Hoy, primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos. Para toda la Iglesia es una gran celebración porque hay gran fiesta en el cielo. Para nosotros es una gran oportunidad de agradecer todos los beneficios, todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra y que han sido como nosotros, con las mismas debilidades, y con las fortalezas que vienen del mismo Dios.

Hoy es un buen día para reflexionar todo el bien espiritual y material que por intercesión de los santos hemos obtenido y tenemos hasta el día de hoy, pues los santos que desearon la Gloria de Dios desde aquí en la tierra lo siguen deseando en la visión beatifica, y comparten el mismo deseo de Nuestro Señor Jesucristo de que todos los hombres se salven, que todos los hombres glorifiquen a Nuestro Señor.

Esta fiesta tiene su origen durante la persecución de los cristianos por el emperador Diocleciano, al causarse muchas muertes no se podía celebrar una rememoración en nombre de cada una de ellas, por lo que se decidió establecer un día, aunque no fue hasta el S. VII, y gracias a Bonifacio III, que en el año 609 se declaró la fiesta de Todos los Santos en el mes de mayo. Fue el Papa Gregorio III en el siglo VIII quien cambio la fecha a la actual, día 1 de noviembre. En España, tenemos la costumbre de visitar el cementerio para llevar flores como ofrenda a los familiares fallecidos.

 

 

 

Así luce Nuestra Madre, María Santísima de la Encarnación con motivo de la festividad de los fieles difuntos.

Viste saya y manto de terciopelo negro. En la cintura, cíngulo trenzado con terminación de borlas en oro. En su mano derecha sostiene la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo y en la izquierda, un pañuelo elaborado en seda y bordado en hilo de oro. Por último, estrena un nuevo tocado en color blanco.

Ataviada magistralmente por D. Javier Aguilar Cejas, quien lo hace de manera ininterrumpida desde el año 1995.

Uno de los principales fines de toda cofradía

Uno de los principales fines de toda cofradía, es la formación cristiana de sus hermanos y desde nuestra hermandad hemos puesto empeño en ello. Al comenzar su andadura esta nueva Junta de Gobierno se propuso organizar un grupo de formación cristiana que facilitase a los hermanos de nuestra corporación que no hubiesen recibido el sacramento de la confirmación el poder hacerlo. De conformidad y a propuesta de nuestro conciliario D. Ángel Lara el grupo se abrió a todos los feligreses de nuestra parroquia de San Francisco Solano y en general a cualquier vecino de Montilla que quisiera prepararse para la confirmación.

Comenzaron las catequesis en el mes de Noviembre y se han impartido todos los viernes hasta el mes de Junio en el que ha finalizado la preparación y formación de estos catecúmenos que recibirán próximamente en Septiembre el sacramento de la Confirmación.

El descendimiento de Jesús de la Cruz

Ha muerto pronto, más de lo que era usual para un crucificado que tardaba en morir ahogándose por asfixia y cansancio algunos días. Los pocos que le eran fieles estaban al pie de la cruz y bajan –solicitado y obtenido el permiso de Pilato- el cuerpo muerto de Jesús. Contemplad los rostros, mirad la tristeza y la impotencia que sienten viendo la injusticia que se ha cometido con Cristo y cómo ha quedado su cadáver. Lo depositan en el regazo de su Madre. La Virgen María recibe el Cuerpo de Cristo. Lo recibe con la misma obediencia con que lo concibió por obra del Espíritu en su seno. Antes, todo fue luz; ahora, las tinieblas se ciernen sobre la tierra.

Para recibir el cuerpo de Jesús sólo hay una actitud espiritual posible, el amor, la reverencia, la adoración, pues ese Cuerpo bendito es el Cuerpo del Hijo de Dios hecho hombre. María recibe el Cuerpo de Cristo inmolado. Nos conmueve la piedad y ternura del momento. Pero también hoy es real la posibilidad de recibir el cuerpo del mismo Cristo, y lo recibimos y acogemos en cada comunión, en el acto mismo de comulgar. El pan consagrado ya es el mismo Jesucristo pero ahora Glorioso, Vivo, Fuerte.

¡Qué poder más eficaz y santificador tiene la comunión cuando se comulga con devoción, recogimiento, fervor, hambre de Cristo y en gracia de Dios! ¡Qué terrible y triste, por el contrario, tantas comuniones rutinarias, sin amor, sin examinar, sin prepararse ni dar gracias después! Las almas progresarían mucho en santidad si sus comuniones fueran fervorosas, con unción, piedad y amor.

Cuerpo de Cristo místico es la Iglesia, cuya Cabeza es el Señor y nosotros miembros suyos; Cuerpo de Cristo es la Iglesia y recibimos este Cuerpo eclesial, significado en el Sacramento, con amor. ¿Acaso habría otra forma de recibir a la Iglesia, más que con amor?, ¿otra manera que no sea “sentir con la Iglesia”, obedecer a sus pastores, profesar la fe ortodoxa, celebrar fielmente la liturgia según sus normas, vivir la vida moral que brota del Bautismo? ¿Acaso se puede recibir a la Iglesia si no es amándola apasionadamente, con obediencia y aportándole lo nuestro y a nosotros mismos? Es verdad que tiene arrugas y heridas pero éstas son las debilidades, los defectos, los pecados, el orgullo, el protagonismo, la ambición, de quienes la formamos y que ensombrecen y afean su belleza sin igual.

¡Santa Iglesia, Cuerpo de Cristo que recibimos de la Virgen! “Alabada sea también esta gran Madre por el Misterio divino que nos comunica, introduciéndonos en él por la doble puerta que constantemente está abierta de su Doctrina y de su Liturgia. Alabada sea por el perdón que nos garantiza. Alabada sea por los hogares de vida religiosa que suscita y protege, y cuya llama sostiene. Alabada sea por el mundo interior que nos descubre y en cuya explotación nos lleva de su mano. Alabada sea por el deseo y la esperanza que fomenta en nosotros. Alabada sea también por todas las ilusiones que desenmascara y disipa en nosotros, a fin de que nuestra adoración sea pura. ¡Alabada sea esta gran Madre! Madre casta, ella nos infunde y nos conserva una fe siempre íntegra, que ningún decaimiento humano ni abatimiento espiritual, por profundo que sea, es capaz de afectar. Madre fecunda, no cesa de darnos por el Espíritu Santo nuevos hermanos… Madre venerable, ella nos garantiza la herencia de los siglos”

La Encarnación de la Santísima Virgen María

El 25 de marzo es la fecha que la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Anunciación Encarnación, es decir, cuando el Ángel Gabriel fue enviado Nazaret para anunciar a la Virgen María que sería la Madre de Dios a lo que Ella respondió con su Fiat generoso: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1,38).

Es María a quien Dios desde la eternidad escogió para que por obra y Gracia del Espíritu Santo concibiera al Señor hecho hombre, Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad. La Virgen le dice sí a Dios y en ese momento se encarna en el seno de María.

Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones.

El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.

El Vía Crucis

El Vía crucis es seguramente la más antigua y la más hermosa de las devociones populares, con las cuales se ha hecho posible la meditación del evangelio de la pasión.

Cuando se habló en el siglo IV del hallazgo de la cruz de Cristo, los peregrinos que llegaban a Jerusalén se encontraron ya con una tradición establecida que ligaba con determinados lugares los acontecimientos más importantes de la pasión del Señor. El peregrino hacía este recorrido para recordar piadosamente los principales hechos allí acaecidos.

“Vía crucis” son dos palabras latinas cuyo significado podría traducirse como “camino de la cruz”. Condenado a muerte y cargado del madero, que había de ser el instrumento de nuestra redención, Jesús hizo este itinerario de dolor desde el pretorio de Pilato hasta el monte Calvario (Mt 27, 22-61; Mc 15; Lc 23; Jn 19). Era el primer Viernes Santo.

Hoy, el recuerdo entrañable de estos momentos de la vida de Jesús se ha convertido en oración. El Vía crucis consiste en seguir espiritualmente este mismo trayecto, deteniéndose ante 14 escenas o estaciones para meditar los sufrimientos de Jesucristo y unirse interiormente con Él.

La estructura actual de las catorce estaciones tomó forma en el siglo XVIII, pero siempre había existido un margen de flexibilidad en esta oración.

El Vía crucis tradicional es un ejercicio devocional que combina la imagen y la idea, la acción exterior y la disposición interior, la verdad histórica y la creación del espíritu religioso.

Invitamos a todos los hermanos de nuestra corporación y a todos los montillanos a vivir este “camino de la cruz” en nuestra capilla del Sagrado Descendimiento, en el Vía Crucis Parroquial de hoy viernes 23 de Febrero a las 21,00 horas con el rezo del Santo Rosario media hora antes.

 

“Lléname con tu Espíritu, dame tu luz”

La Hermandad del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo, Santo Nombre de Jesús, María Santísima de la Encarnación y San Juan de Ávila desde su vocalía de Evangelización, y unidos a la labor pastoral de nuestra parroquia de San Francisco Solano, informa a los hermanos y devotos de nuestra Corporación que, próximamente, se iniciará una formación para recibir el Sacramento de la Confirmación, estando a disposición, igualmente, a todas aquellas personas que sin pertenecer a nuestra Cofradía esté interesado en prepararse para tal Sacramento.

Es intención de nuestra Hermandad comenzar la catequesis en el próximo mes de Octubre. Para ello, ponemos a disposición de todo aquel que desee informarse o incorporarse al grupo, el siguiente correo electrónico:
vocaliaevangelizacion@sagradodescendimiento.es o comunicarlo al siguiente teléfono móvil, 639672732.

Para la inscripción, será necesario aportar el nombre y apellidos de la persona y un número de teléfono de contacto.

Mediante esta propuesta, la Hermandad desea transmitir la importancia que la vida sacramental tiene para todo cristiano y cofrade pues, con la confirmación, se refuerza y complementa la obra del Bautismo. Así, el bautizado se fortalece con el don del Espíritu Santo, se une más con la iglesia y se fortalece para ser testigo de Jesucristo, a quien es capaz de defender su fe y transmitirla. Con la confirmación, nos convertimos en cristianos maduros y podremos llevar una mejor vida cristiana.

Este Sacramento se funda el día de Pentecostés; cuando los apóstoles y discípulos se encontraban reunidos, cincuenta días después de la resurrección. Estaban temerosos, no entendían lo que había pasado, creían que todo había sido en vano, se sentían tristes. Entonces, descendió el Espíritu Santo sobre ellos, quedando transformados desde ese momento, pues dejaron de tener miedo, de este modo se lanzaron a predicar y a bautizar.

La Confirmación es nuestro “Pentecostés personal”. El Espíritu Santo está actuando continuamente sobre la Iglesia de modos muy diversos, la Confirmación (al descender el Espíritu Santo sobre nosotros) es una de esas formas en que Él se hace presente.

 

Es la hora de los laicos

Con este sencillo lema viene anunciando la Iglesia a lo largo del siglo XX la importancia de los seglares en la vida de la Iglesia y consiguientemente en la evangelización del mundo contemporáneo.

Desde Pío XI y el despliegue de la Acción Católica, que puso a los laicos en la vanguardia de la Iglesia, deseosos de aplicar la doctrina social de León XIII, pasando por Pio XII hasta llegar al Concilio Vaticano II, donde queda consagrada la doctrina y el impulso misionero de los laicos en la evangelización del mundo contemporáneo.

Una de las luces del Vaticano II ha sido la inserción de los laicos en el misterio de la Iglesia como parte integrante de la misma para ser sal de la tierra y luz del mundo, para ser levadura en la masa, fermento en medio del mundo, a fin de ordenar los asuntos temporales según Dios.

Dos polos definen la identidad eclesial del laico: Por una parte, su incorporación a Cristo y su pertenencia a la Iglesia por el bautismo y la confirmación; y por otra parte, su inserción en el mundo, con la misión de transformarlo desde dentro. Y todo ello, en la comunión eclesial, en comunión con los pastores, los consagrados y los demás laicos.

Y dos son, por tanto, los peligros más señalados del laicado: Su falta de identidad cristiana, su disimulo cristiano en un mundo que se aleja de Dios; o su falta de incisión en el mundo donde vive, porque se ha desfigurado su identidad cristiana por falta de compromiso. Vivir en el mundo sin ser del mundo, he ahí la tensión en la que ha de vivir un laico. “No son del mundo, como yo no soy del mundo”, dice Jesús (Jn 17, 14).

El seglar participa de la misión de la Iglesia, llevar al mundo la buena noticia de la salvación, según su propia vocación y misión. No sólo anuncia de palabra, sino testimonia con su vida y con sus obras que es posible una vida nueva por la acción del Espíritu Santo en nuestros corazones. Y realiza esta tarea en comunión eclesial con los pastores, con los consagrados y con los demás miembros del Pueblo de Dios.

Un peligro eclesial que acecha a toda agrupación de seglares es la de pensar que el grupo en el que vive y alimenta su fe es imprescindible en la Iglesia y es el mejor de todos los que existen. Desde esta actitud se entra en rivalidades y competitividades impropias de quienes se sienten miembro de un Cuerpo, en el que todos somos necesarios y nadie es imprescindible. Una actitud así se cuida sólo de lo propio, de sus obras, de sus apostolados. Y no se integra en el conjunto. Es lo que el Papa llama frecuentemente autorreferencialidad, que tarde o temprano lleva a la esterilidad pastoral.

Y otro peligro es el clericalismo que no deja crecer a los mismos seglares. Papa Francisco lo ha denunciado varias veces: a veces los curas quieren ocuparlo todo, y así no dejan crecer a los seglares. Y muchos seglares se sienten a gusto así, porque les ahorra asumir responsabilidades. Pero por una razón o por otra, la Iglesia entera no crece, y por el contrario pierde el frescor y la lozanía que le caracterizan.

Por todo esto, se nos ha convocado a un Encuentro diocesano de laicos y la fecha fijada para dicho Encuentro es el 7 de octubre de 2017. Para este encuentro ya comenzó una preparación el 8 de octubre de 2016 en la que una comisión preparatoria fijo unos objetivos:

-Manifestar nuestra fe y la alegría del Evangelio.

-Vivir por nuestra pertenencia a la Iglesia la alegría del Evangelio.

-Profundizar que la Iglesia es un misterio de comunión.

-Cómo afrontar los retos del presente especialmente el campo de la familia, de la vida y de la mujer.

Así pues en octubre de 2017, nuestra Iglesia Diocesana celebrará un gran acontecimiento eclesial que impulsará de manera extraordinaria nuestra pastoral en el seno del apostolado seglar, el Encuentro Diocesano de Laicos (EDL). Con el lema “Unidos para que el mundo crea”, los seglares de nuestra Diócesis de Córdoba nos encontraremos en una jornada de reflexión, celebración, convivencia y manifestación de fe que nos impulse, desde la alegría de nuestra pertenencia a la Iglesia, a un nuevo compromiso de evangelización en todos los campos y ambientes de los que formamos parte en el mundo. Estamos convocados a este EDL todos los seglares de la Diócesis, los provenientes de parroquias, los seglares vinculados a carismas religiosos, los que pertenecen a hermandades y cofradías y todos los que desarrollan su actividad en el apostolado seglar a través de movimientos, asociaciones, grupos y realidades laicales.

Desde la Junta de Gobierno animamos a todos los cofrades de nuestra hermandad a participar en dicho encuentro que como se ha dicho anteriormente se celebrara en próximo 7 de Octubre de 2017 en Córdoba.

Para participar es necesario realizar una inscripción gratuita, el siguiente enlace nos lleva directamente al formulario de inscripción tanto individual como grupal.

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Origen del culto a la Eucaristía fuera de la misa

En estas fechas tan especiales en las que celebramos la festividad del Corpus Christi es interesante saber cuándo y de qué forma surge en la Iglesia esta costumbre.

Centralidad de la Eucaristía

Desde el principio del cristianismo, la Eucaristía es la fuente, el centro y el culmen de toda la vida de la Iglesia. Como memorial de la pasión y de la resurrección de Cristo Salvador, como sacrificio de la Nueva Alianza, como cena que anticipa y prepara el banquete celestial, como signo y causa de la unidad de la Iglesia, como actualización perenne del Misterio pascual, como Pan de vida eterna y Cáliz de salvación, la celebración de la Eucaristía es el centro indudable del cristianismo.

Normalmente, la Misa al principio se celebra sólo el domingo, pero ya en los siglos III y IV se generaliza la Misa diaria.

En los siglos primeros, a causa de las persecuciones y al no haber templos, la conservación de las especies eucarísticas se hace normalmente en forma privada, y tiene por fin la comunión de los enfermos, presos y ausentes.

Esta reserva de la Eucaristía, al cesar las persecuciones, va tomando formas externas cada vez más solemnes.

Las Constituciones apostólicas -hacia el 400- disponen ya que, después de distribuir la comunión, las especies sean llevadas a un sacrarium. El sínodo de Verdun, del siglo VI, manda guardar la Eucaristía «en un lugar eminente y honesto, y si los recursos lo permiten, debe tener una lámpara permanentemente encendida».

Estos signos expresan la veneración cristiana antigua al cuerpo eucarístico del Salvador y su fe en la presencia real del Señor en la Eucaristía. Todavía, sin embargo, la reserva eucarística tiene como fin exclusivo la comunión de enfermos y ausentes; pero no el culto a la Presencia real.

Ha de advertirse, sin embargo, que ya por esos siglos el cuerpo de Cristo recibe de los fieles, dentro de la misma celebración eucarística, signos claros de adoración, que aparecen prescritos en las antiguas liturgias. Especialmente antes de la comunión -Sancta santis, lo santo para los santos-, los fieles realizan inclinaciones y postraciones:

«San Agustín decía: “nadie coma de este cuerpo, si primero no lo adora”, añadiendo que no sólo no pecamos adorándolo, sino que pecamos no adorándolo»

Por otra parte, la elevación de la hostia, y más tarde del cáliz, después de la consagración, suscita también la adoración interior y exterior de los fieles. Hacia el 1210 la prescribe el obispo de París, antes de esa fecha es practicada entre los cistercienses, y a fines del siglo XIII es común en todo el Occidente. En nuestro siglo, en 1906, San Pío X, «el papa de la Eucaristía», concede indulgencias a quien mire piadosamente la hostia elevada, diciendo «Señor mío y Dios mío»

Primeras manifestaciones del culto a la Eucaristía fuera de la Misa

La adoración de Cristo en la misma celebración del Sacrificio eucarístico es vivida, como hemos dicho, desde el principio. Y la adoración de la Presencia real fuera de la Misa irá configurándose como devoción propia a partir del siglo IX, con ocasión de las controversias eucarísticas. Por esos años, al simbolismo de un Ratramno, se opone con fuerza el realismo de un Pascasio Radberto, que acentúa la presencia real de Cristo en la Eucaristía, no siempre en términos exactos.

Conflictos teológicos análogos se producen en el siglo XI. La Iglesia reacciona con prontitud y fuerza unánime contra el simbolismo eucarístico de Berengario de Tours (+1088). Su doctrina es impugnada por teólogos como Anselmo de Laón (+1117) o Guillermo de Champeaux (+1121), y es inmediatamente condenada por un buen número de Sínodos (Roma, Vercelli, París, Tours), y sobre todo por los Concilios Romanos de 1059 y de 1079 (Dz 690 y 700).

En efecto, el pan y el vino, una vez consagrados, se convierten «substancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne y sangre de Jesucristo, nuestro Señor». Por eso en el Sacramento está presente totus Christus, en alma y cuerpo, como hombre y como Dios.

Estas enérgicas afirmaciones de la fe van acrecentando más y más en el pueblo la devoción a la Presencia real.

A partir del siglo XIII y a pesar de que se dan numerosas degradaciones en referencia a la eucaristía pero también se producen en esta época grandes avances de la devoción eucarística. Entre otros muchos, podemos considerar el testimonio impresionante de san Francisco de Asís (1182-1226). Poco antes de morir, en su Testamento, pide a todos sus hermanos que participen siempre de la inmensa veneración que él profesa hacia la Eucaristía y los sacerdotes.

Santa Juliana de Mont-Cornillon y la fiesta del Corpus Christi

A partir del año 1208, el Señor se aparece a santa Juliana (1193-1258), primera abadesa agustina de Mont-Cornillon, junto a Lieja. Esta religiosa es una enamorada de la Eucaristía, que, incluso físicamente, encuentra en el pan del cielo su único alimento. El Señor inspira a santa Juliana la institución de una fiesta litúrgica en honor del Santísimo Sacramento. Por ella los fieles se fortalecen en el amor a Jesucristo, expían los pecados y desprecios que se cometen con frecuencia contra la Eucaristía, y al mismo tiempo contrarrestan con esa fiesta litúrgica las agresiones sacrílegas cometidas contra el Sacramento por cátaros, valdenses, petrobrusianos, seguidores de Amaury de Bène, y tantos otros.

Bajo el influjo de estas visiones, el obispo de Lieja, Roberto de Thourotte, instituye en 1246 la fiesta del Corpus. Hugo de Saint-Cher, dominico, cardenal legado para Alemania, extiende la fiesta a todo el territorio de su legación. Y poco después, en 1264, el papa Urbano IV, antiguo arcediano de Lieja, que tiene en gran estima a la santa abadesa Juliana, extiende esta solemnidad litúrgica a toda la Iglesia latina mediante la bula Transiturus. Esta carta magna del culto eucarístico es un himno a la presencia de Cristo en el Sacramento y al amor inmenso del Redentor, que se hace nuestro pan espiritual.

La nueva devoción, sin embargo, ya en la misma Lieja, halla al principio no pocas oposiciones. El cabildo catedralicio, por ejemplo, estima que ya basta la Misa diaria para honrar el cuerpo eucarístico de Cristo. De hecho, por un serie de factores adversos, la bula de 1264 permanece durante cincuenta años como letra muerta.

Prevalece, sin embargo, la voluntad del Señor, y la fiesta del Corpus va siendo aceptada en muchos lugares: Venecia, 1295; Wurtzburgo, 1298; Amiens, 1306; la orden del Carmen, 1306; etc. Los títulos que recibe en los libros litúrgicos son significativos: dies o festivitas eucharistiæ, festivitas Sacramenti, festum, dies, sollemnitas corporis o de corpore domini nostri Iesu Christi, festum Corporis Christi, Corpus Christi, Corpus…

El concilio de Vienne, finalmente, en 1314, renueva la bula de Urbano IV. Diócesis y órdenes religiosas aceptan la fiesta del Corpus, y ya para 1324 es celebrada en todo el mundo cristiano.

El culto eucarístico se generaliza

Las exposiciones mayores se van implantando en el siglo XV, y siempre la patria de ellas «es la Europa central. Alemania, Escandinavia y los Países Bajos fueron los centros de difusión de las prácticas eucarísticas, en general»

La exposición del Santísimo recibe una acogida popular tan entusiasta que ya hacia 1500 muchas iglesias la practican todos los domingos, normalmente después del rezo de las vísperas. Con el fin de que nunca cese el culto de fe, amor y agradecimiento a Cristo, presente en la Eucaristía, nacen las Cofradías del Santísimo Sacramento, que «se desarrollan antes, incluso, que la festividad del Corpus Christi.

Las devociones eucarísticas, que hemos visto nacer en centro Europa, arraigan de modo muy especial en España, donde adquieren expresiones de gran riqueza estética y popular, como los seises de Sevilla o el Corpus famoso de Toledo.

Las Asociaciones y Obras eucarísticas se multiplican en los últimos siglos: la Guardia de Honor, la Hora Santa, los Jueves sacerdotales, la Cruzada eucarística, etc.

Atención especial merece hoy, por su difusión casi universal en la Iglesia Católica, la Adoración Nocturna, asociación iniciada en París por Hermann Cohen el 6 de diciembre de 1848, hace, pues, más de ciento cincuenta años.

Otra celebración eucarística especial es la adoración eucarística de las Cuarenta horas que tiene su origen en Roma, en el siglo XIII. Esta costumbre, marcada desde su inicio por un sentido de expiación por el pecado -cuarenta horas permanece Cristo en el sepulcro-, recibe en Milán durante el siglo XVI un gran impulso a través de San Antonio María Zaccaria (+1539) y de San Carlos Borromeo después (+1584). Clemente VIII, en 1592, fija las normas para su realización. Y Urbano VIII (+1644) extiende esta práctica a toda la Iglesia.

La adoración eucarística tendrá también su eco en la vida religiosa creándose institutos especialmente centrados en la veneración de la Eucaristía algunos muy antiguos, como los monjes blancos o hermanos del Santo Sacramento, fundados en 1328 por el cisterciense Andrés de Paolo. Pero estas fundaciones se producen sobre todo a partir del siglo XVII, y llegan a su mayor número en el siglo XIX.

También destacar los congresos eucarísticos el primer congreso eucarístico internacional se celebra en Lille en 1881, y desde entonces se han seguido celebrando ininterrumpidamente hasta nuestros días.

Epilogo

El culto a la Eucaristía fuera de la Misa llega, en fin, a integrar la piedad común del pueblo cristiano. Muchos fieles practican diariamente la visita al Santísimo. En las parroquias, con el rosario, viene a ser común la Hora santa, la exposición del Santísimo diaria o semanal, por ejemplo, en los Jueves eucarísticos.

¿Qué es Pentecostés?

Hemos celebrado apenas unos días la fiesta de Pentecostés, poniendo con ello fin al tiempo Pascual, pero, ¿realmente sabemos que tradición tiene esta fiesta, en qué consiste esta celebración, o qué importancia tiene?
Tradicionalmente tiene su origen en la religión judía, la fiesta de Pentecostés, se asigna con el vocablo Hebreo “Shavuot”, que literalmente significa “semanas”. Se celebraba el día 6 del mes de Siván (Junio), para conmemorar la promulgación de la ley.
Esta gran fiesta de acción de gracias, es también llamada fiesta de la cosecha, o de las semanas, debido a que se celebra siete semanas después de la pascua y de la fiesta de los panes sin levadura. (Exo. 23:16, Núm 28:26-31).

Y fue precisamente en la celebración de esta fiesta judía cuando sucedió el acontecimiento más trascendente para los cristianos después de la Resurrección de Cristo la venida del Espíritu Santo.
“Al cumplirse el día de Pentecostés, estando todos juntos en un lugar, se produjo de repente un ruido proveniente del cielo como el de un viento que sopla impetuosamente, que invadió toda la casa en la que residían. Aparecieron, como lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedaron todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse. Residían en Jerusalén judíos varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo, y habiéndose corrido la voz, se juntó una muchedumbre, que se quedó confusa al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos de admiración, decía: Todos estos que hablan, ¿no son galileos? Pues ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra propia lengua, en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, …los oímos hablar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios. Todos, fuera de sí y perplejos, se decían unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Otros, burlándose, decían: Están bebidos” (Hch 2,1-13).

¿QUÉ OCURRIÓ EN AQUELLA HABITACIÓN EL DÍA DE PENTECOSTÉS?
Lo que les ocurrió fue que se les “abrieron los ojos” y reconocieron dónde y cómo se manifiesta el Espíritu y desde entonces decidieron dejarse conducir por Él. Los discípulos “llenos del Espíritu Santo” entendieron que la mejor forma de vivir conforme a la voluntad de Dios era la de “dejarse llevar por el Espíritu” (Rm 8,14). Pero como podemos reconocer hoy, en nuestro mundo y nuestra historia, al Espíritu; y en qué consiste dejarse conducir por Él. Supone ante todo prestar atención a los frutos que él sigue produciendo entre nosotros.

¿DONDE SE MANIFIESTA HOY EL ESPÍRITU DE DIOS?
-Allí donde hay personas que se desviven por los demás y que son capaces de amar a pesar del egoísmo que les rodea.
-Allí donde hay hombres buscadores de verdad que son luchadores empeñados en hacer frente a la injusticia en forma de dominio y opresión.
-Allí donde hay hombres que confían en las posibilidades de futuro; allí donde hay iniciativas, creatividad es donde el espíritu se muestra eficaz.
-Allí donde brota la palabra profética, que denuncia el mal y la opresión del pobre; allí donde los hombres sufren persecución por levantar su voz en nombre de los que no tienen voz…
-Allí donde los hombres superan sus dificultades, donde se acepta al que es diferente en raza, lengua o cultura; allí donde se pone en práctica la solidaridad.
Allí donde ocurre todo esto, y más, reina el Espíritu de Dios; y el Reino de Dios comienza a ser real.

Y NOSOTROS ¿QUE DEBEMOS HACER PARA DEJARNOS CONDUCIR POR EL ESPÍRITU?
-Desear que el Espíritu ilumine nuestra vida, que esté presente en la toma de decisiones importantes en nuestra vida… Lo primero es invocar al Espíritu, pedir su asistencia.
-Confiados en el poder de la invocación, hemos de procurar ver la vida, propia y del mundo, en clave positiva y optimista, porque el Espíritu impulsa la creación hacia el futuro deseado por Dios. Confiar en la guía del Espíritu es tener fe en las posibilidades del hombre…
-Muchas veces, dejarse llevar por el Espíritu, requiere renunciar a nuestros propios cálculos… Es necesario arriesgarse, desinstalarse, aventurarse a lo nuevo…

A MODO DE REFLEXIÓN.
Estas preguntas podrían servirnos para un momento de oración y reflexión:
-¿Qué hago yo para captar lo el Espíritu “me sugiere” a través de personas, hechos o acontecimientos…, que se relacionan con mi vida?.
-¿Qué personas me han orientado e iluminado en las decisiones que he debido tomar?.
-¿Recuerdo algún hecho o acontecimiento que haya marcado especialmente mi vida? ¿Cuál?
-¿Tengo interés por conocer dónde y cómo actúa hoy el Espíritu. En qué lo manifiesto?
-¿Qué actitudes de los hombres de nuestro tiempo demuestran que el Espíritu de Dios actúa en donde ellos están?
-¿Qué palabras, de denuncia o proféticas, recuerdo haber oído últimamente que me hayan producido la impresión de que han sido inspiradas por Dios?

A MODO DE CONCLUSIÓN
Todos poseemos ya el Espíritu y sus dones…
SABIDURÍA, es darse el gustazo de vivir en cristiano.
ENTENDIMIENTO, es como captar la presencia del amigo en todas partes
CONSEJO, es como una intuición para saber siempre lo que Dios quiere
CIENCIA, es saber elegir y ver en todo ello la presencia del amor de Dios
FORTALEZA: es afrontar con él las dificultades, como el niño con su padre
PIEDAD, es sentir que Dios es tu Padre
AMOR DE DIOS, es respeto, veneración, y no miedo hacia nuestro Padre Dios.
Es cuestión de saberlo valorar, tomar conciencia de la fuerza espiritual que Dios nos regala, y corresponderle con disponibilidad… como talante y actitud de vida.