Hijos de la Encarnación

Empezaría con el agradecimiento a mi tito Mariano, por enseñarme el camino de la hermandad, porque si no te enseña nadie no podrás hacerlo por ti solo.

He de agradecer también a Jesús Hidalgo y a Antonio Javier Sánchez por todo lo que aprendo de ellos y el compromiso que tienen con la hermandad. Si me tuviera que quedar con una cosa de cada uno, de Jesús diría que cada altar montado con él ha sido algo único. Ese momento de estar a solas con los titulares y a la vez con un buen amigo… esos momentos son de los mejores.

De Antonio Javier no podría quedarme con solo una actividad, una reunión… solo tengo buenos recuerdos con él.

En cuaresma, cuando vas a la capilla y entras a la Función de Regla, es como entrar en tu casa y estar rodeado por tu familia. En ocasiones, cuando paso por la puerta de la capilla me encuentro a Luis Luque o Paco Méndez siempre les pido si puedo pasar y sus palabras son cortas pero agradables: “¡Claro! Estás es tu casa”.

He vivido aún pocas experiencias a mi parecer con los miembros del grupo joven, pero todas ellas inolvidables, así que espero vivir muchas más en estos años, tales como representar a la hermandad como pude hacer en la pasada procesión del Corpus, participar en los talleres infantiles de cuaresma, en las cruces de mayo, en la operación “kilo”, en las barras… La última de estas actividades en la que he tenido la oportunidad de participar ha sido en la recogida de alimentos para los campamentos Saharauis.

Pero sin duda, hay una experiencia más bonita y que destaca sobre las demás: es ver a todos hermanos reunidos en la capilla de la hermandad un Viernes Santo a minutos de que toquen la puerta para salir en estación de penitencia. Lamentablemente el Viernes Santo del año pasado no hubo en la capilla mucha alegría ya que el tiempo no acompañó.

Por suerte la salida extraordinaria del vigésimo quinto aniversario de nuestra querida hermandad fue diferente. Ahí sí pudimos vivir esos momentos de nervios y tensión en los que te encuentras a hermanos igual de felices que tú, llorando de emoción y de ver como las puertas se abrían y daba comienzo esa salida tan esperada. El calor no era un impedimento para disfrutar del momento que se estaba viviendo.

Salir de la Basílica de San Juan de Ávila y ver toda la Corredera llena solo para ver a nuestro Cristo del Sagrado Descendimiento y Nuestra Santísima Virgen de la Encarnación fue, sin duda, una experiencia inolvidable para mí.

Ese silencio intenso en el que solo se escuchaban las voces de Paco Méndez, capataz, y de Chechu, que decían: los costeros por parejo a tierra… bueno venga de frente… ¡duro con él valientes!… seguimos de frente… ¡duro con él valientes!… hay que seguir costaleros… Y de repente el silencio se rompe cuando suena la marcha real y ahí, justamente ahí, es cuando ves y sientes lo feliz que eres al verlos en la calle cumpliendo años.

Fue una inmensa suerte la mía y la de mis compañeros acólitos vivir esa salida desde tan cerca. Un momento para la eternidad.

Animo a toda aquella persona que todavía no esté en el grupo joven a entrar en él, un grupo en el que reina el buen ambiente y el compromiso con la hermandad y sus titulares.