María Santísima de la Encarnación

El 25 de marzo es la fecha que la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Anunciación Encarnación, es decir, cuando el Ángel Gabriel fue enviado Nazaret para anunciar a la Virgen María que sería la Madre de Dios a lo que Ella respondió con su Fiat generoso: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1,38).

La Virgen de la Encarnación o Nuestra Señora de la Encarnación es una advocación mariana venerada en la religión Católica que representa a la Virgen María en el momento de la Encarnación. Esta Solemnidad se celebra junto con la Solemnidad de la Anunciación porque según la fe católica son acontecimientos casi inmediatos, ya que en la Anunciación el Ángel Gabriel le revela a la Virgen María que dará a Luz a un hijo por obra del Espíritu Santo, y ella finalmente responde: “Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mi lo que has dicho”, en ese momento sucede la Encarnación, es por esto que la Iglesia celebra los dos acontecimientos el mismo día puesto que son casi simultáneos.

El origen de la veneración a la advocación de la Encarnación es muy antiguo ya que es unos de los primeros dogmas de la iglesia que va estrechamente ligado a la doble naturaleza humana y divina de Jesucristo, por cuanto esto es declarado por los padres de la iglesia en el Credo niceno-constantinopolitano promulgado en el año 381.

Son tantas las advocaciones y conmemoraciones, como en este caso, que la Iglesia no dispone de días suficiente para ordenarlas y fecharlas por orden lógico y cronológico, pero eso no sucede en esta advocación. Si sacamos la diferencia existente entre el veinticinco de marzo, día de la Encarnación y el veinticinco de diciembre, día del nacimiento de Jesús nos encontramos que han transcurrido exactamente nueve meses.

Es María a quien Dios desde la eternidad escogió para que por obra y Gracia del Espíritu Santo concibiera al Señor hecho hombre, Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad. La Virgen le dice sí a Dios y en ese momento se encarna en el seno de María.

Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones.

El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.

 

Cambio de Vestimenta de María Santísima

El pasado Martes día 12 de Marzo, tuvo lugar el cambio de vestimenta de nuestra titular mariana, María Santísima de la Encarnación para el Solemne Quinario de la Hermandad.

Lleva diadema de orfebrería, tocado compuesto por un tul de plata turco, saya de terciopelo rojo y manto negro del mismo tejido. Además, cinturilla realizada con encaje de concha y cordón con borlas de oro. En su mano derecha porta corona de espinas y en su izquierda un pañuelo de encaje con la corona y M Mariana bordadas en oro.

La corona de espinas es símbolo de la realeza de Cristo, Rey del Universo, manso y humilde Cordero de salvación.

 

La Encarnación de la Santísima Virgen María

El 25 de marzo es la fecha que la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Anunciación Encarnación, es decir, cuando el Ángel Gabriel fue enviado Nazaret para anunciar a la Virgen María que sería la Madre de Dios a lo que Ella respondió con su Fiat generoso: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1,38).

Es María a quien Dios desde la eternidad escogió para que por obra y Gracia del Espíritu Santo concibiera al Señor hecho hombre, Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad. La Virgen le dice sí a Dios y en ese momento se encarna en el seno de María.

Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones.

El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.

Día de Todos los Santos

Desde hace más de un milenio, a partir del siglo IX, la Iglesia Católica celebra el 1 de noviembre la solemnidad litúrgica de Todos los Santos, día de precepto.

En ese mismo contexto celebrativo y temporal, los monjes benedictinos de la célebre abadía de Cluny, comenzaron también a celebrar al día siguiente, 2 de noviembre, la conmemoración de los fieles difuntos, que pronto se extendería por toda la Iglesia y ya en el siglo XIV tenía, también, lugar en Roma.

Ambas celebraciones están unidas por el denominador común de la vida eterna después de la vida terrena. Han sido y siguen siendo muy populares, tanto es así que el mes de noviembre se considera el mes de las ánimas, tiempo propicio para rezar por los difuntos y reflexionar sobre la llamada doctrina de la Iglesia de los “Novísimos” o Escatología, que no es sino el dogma cristiano de la resurrección de los muertos y la respuesta al sentido de la vida y de la muerte.

El 2 de noviembre es el día de la conmemoración de los fieles difuntos.
Que nuestro Señor Jesucristo en su Sagrado Descendimiento y su bendita Madre, María Santísima de la Encarnación, reciban a aquellos que han partido ya hacia la Gloria, en especial a los hermanos de nuestra Corporación, y sean su acogimiento en la vida eterna.